Mitos y realidades sobre las hemorroides según fuentes médicas

Mitos y Realidades sobre las Hemorroides

Pocos temas de salud acumulan tanta mitología como las hemorroides, y tiene lógica: como da pena preguntar en consulta, la información se hereda de pasillo en pasillo — la tía que asegura que fue por sentarse en el piso frío, el compañero que jura que su crema las «curó», el conocido que aguantó años «porque la única salida es el bisturí». Aquí pasamos los mitos más repetidos por el filtro de las fuentes médicas, uno por uno.

Mito: Sentarse en superficies frías (o calientes) causa hemorroides.

Realidad: Es probablemente el mito más extendido en Latinoamérica y no tiene respaldo: las hemorroides se producen por presión sostenida sobre las venas de la zona —estreñimiento, pujo, tiempo de inodoro, embarazo, sedentarismo—, no por la temperatura del asiento. De hecho, el frío aplicado con compresas es una medida de alivio para la inflamación. El piso frío quedará absuelto en este blog cuantas veces haga falta.

Mito: Las hemorroides son cosa de personas mayores.

Realidad: La frecuencia aumenta a partir de los 45–50 años porque el tejido de soporte se debilita, pero pueden aparecer a cualquier edad adulta: el estreñimiento crónico, el embarazo o las horas de escritorio no piden credencial de edad. Se estima que alrededor de la mitad de las personas las experimentará en algún momento de la vida.

Mito: La comida picante causa hemorroides.

Realidad: El picante no crea hemorroides. Lo que sí puede hacer —igual que el alcohol— es intensificar los síntomas cuando ya hay un episodio activo, porque los compuestos irritantes se hacen notar al pasar por una zona inflamada. Distinción útil: irritar no es causar. Si estás en pleno episodio, moderarlo ayuda; culparlo del problema, no.

Mito: Si hay sangre al evacuar, seguro son hemorroides y no hay que preocuparse.

Realidad: La primera mitad suele ser cierta —son la causa más frecuente de sangre roja brillante al evacuar— y la segunda mitad es el mito más peligroso de esta lista. El sangrado rectal también puede venir de fisuras, pólipos, enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer colorrectal, y a simple vista no se distinguen. Todo primer sangrado, sangrado abundante o sangre oscura amerita valoración médica, punto.

Mito: Las cremas curan las hemorroides.

Realidad: Las cremas y supositorios de venta libre alivian síntomas —picazón, ardor, inflamación— mientras el episodio sigue su curso natural. No reducen la hemorroide de forma permanente ni corrigen la causa, y la mayoría no debe usarse más de una semana seguida sin indicación, porque algunos componentes irritan o adelgazan la piel. Alivio sí; cura, no.

Mito: La única solución definitiva es la cirugía.

Realidad: Entre «aguantar» y el quirófano hay un menú completo que este mito borra del mapa: la ligadura con banda elástica, la escleroterapia y la fotocoagulación son procedimientos de consultorio, sin anestesia general, que resuelven la mayoría de las hemorroides internas de grados I a III. La cirugía se reserva para grados avanzados y casos que no responden a lo demás.

Mito: Las hemorroides se convierten en cáncer si no se tratan.

Realidad: No: las hemorroides no se transforman en cáncer ni aumentan el riesgo de padecerlo. El vínculo real entre ambos temas es otro y ya lo mencionamos: comparten el síntoma del sangrado, por lo que atribuirle a las hemorroides un sangrado sin confirmación médica puede retrasar el diagnóstico de algo más serio. La hemorroide no se vuelve cáncer; el error de no revisarse sí puede costar caro.

Mito: Si no duele, no es nada serio.

Realidad: Las hemorroides internas se originan en una zona con poca sensibilidad al dolor: pueden sangrar durante meses sin doler jamás, e incluso prolapsar sin gran molestia. Usar el dolor como único termómetro es mala idea; el sangrado y los cambios en la evacuación pesan igual o más como señales.

Mito: Las del embarazo se quedan para siempre.

Realidad: La mayoría de los casos que debutan en el tercer trimestre o tras el parto mejora de forma notable en las semanas posteriores al nacimiento, cuando baja la presión pélvica y se normalizan las hormonas. Si meses después del parto las molestias persisten, entonces sí toca valoración — pero el «para siempre» es la excepción, no la regla.

Mito: Con hemorroides hay que dejar el ejercicio.

Realidad: Al contrario: el ejercicio aeróbico —caminar, nadar, trotar suave— favorece el tránsito intestinal y el retorno venoso, y es parte de la prevención. Los únicos matices son las cargas muy pesadas con la respiración contenida (se corrige exhalando durante el esfuerzo) y el ciclismo durante episodios activos por la presión del asiento. Moverse suma; el sillón es el que resta.

Mito: Aguantarse las ganas de ir al baño no afecta.

Realidad: Afecta directo: al posponer la evacuación, el colon sigue reabsorbiendo agua y las heces se endurecen. Lo que iba a salir sin esfuerzo termina exigiendo el pujo que dilata las hemorroides. Ir cuando el cuerpo avisa es de las medidas preventivas más simples y efectivas que existen.

Mito: Los remedios naturales no sirven para nada.

Realidad: El mito contrario al de la crema milagrosa, e igual de impreciso. Algunas medidas caseras tienen respaldo razonable como alivio: los baños de asiento tibios, las compresas frías y, sobre todo, la fibra y el agua — que técnicamente son el «remedio natural» con mejor evidencia de todos. Lo que no existe es el remedio casero que elimine una hemorroide establecida. Ni desprecio total ni fe ciega: evidencia, que para eso está.

El patrón detrás de casi todos los mitos

Si releíste la lista, notarás dos patrones. Los mitos de causa (frío, picante, edad) desvían la atención de las causas reales y modificables — estreñimiento, pujo, inodoro, sedentarismo — que explicamos en ¿por qué aparecen? y se trabajan con la guía de hábitos. Y los mitos de solución (cremas milagrosas, cirugía o nada, aguantar) empujan a los dos extremos equivocados: gastar en alivios temporales o posponer años una valoración sencilla. La realidad, como casi siempre, vive en el punto medio: hábitos correctos, expectativas honestas — en ¿pueden desaparecer solas? están completas — y médico a tiempo cuando las señales lo indican.

Fuentes consultadas

  • Manual MSD — Hemorroides (versión para público general)
  • MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.) — Hemorroides
  • Mayo Clinic — Hemorroides: síntomas y causas; diagnóstico y tratamiento

Este contenido es informativo y no sustituye la consulta, el diagnóstico o el tratamiento de un profesional de la salud.

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